Todavía no creo en tu partida. En las noches me gusta pensar que el día que vuelva a México entraré a casa y te encontraré jugando Xbox con tus hermanos o diciéndole a tu papá que quieres hacer un pastel cuya receta viste en Youtube. Sé que la realidad es otra y que en vez de estar haciendo las cosas que yo imagino el día que vuelva por tierras manitas ya no estás entre nosotros (al menos de manera física), nadie dijo que la vida sería justa o fácil de vivir y esto es lo que nos toca vivir a los que te amamos, ¿pero sabes? Una parte de mi siente alivio, pues ya descansaste de todo ese sufrimiento al que te sometió esa enfermedad: Te privó de caminar, de la vista, de disfrutar de la comida, hasta de hablar, pero sobre todo te privó de sonreir. Pensar que la vida me puso 2 años a tu lado y pude compartir lo que no pude compartir cuando eras mas niña, pensar que la vida me sacó de allá porque me salió un tumor y que al cabo de unos meses sufrirías lo mismo pero con nefastas consecuencias, pensar que ese 17 de marzo que me despedí de ti sería la última vez que te vería con vida. Me duele saber que esa última vez que te vi sería definitivamente la última, pero siempre te recordaré por tu sonrISA.
